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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Jonathan Lipnicki, el nene de Jerry Maguire que ahora se anima a lo oscuro: desnudo, incómodo y al lado de Robert Pattinson

El actor que se hizo famoso a los seis años en Jerry Maguire y luego brilló como Stuart Little presenta en el Festival de Venecia Primetime, el thriller de Lance Oppenheim donde interpreta a un pedófilo atrapado en uno de los operativos del periodista Chris Hansen, al que da vida Robert Pattinson. La película le dio lo que venía buscando: un papel que lo sacara del mapa de la infancia.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 14 d
Jonathan Lipnicki, el nene de Jerry Maguire que ahora se anima a lo oscuro: desnudo, incómodo y al lado de Robert Pattinson

Hay algo en el zumbido de un festival de cine que se parece al ruido de una sala de espera: gente con carpetas, réflex colgadas del cuello, café para llevar y esa impaciencia elegante de quien sabe que la próxima película puede cambiarle el día. Eso se sintió hace unos días en Venecia, cuando terminó la proyección de Primetime y la sala se levantó con una ovación de siete minutos exactos. Siete minutos de aplausos, calculé después, son casi una vida entera para un director debutante. Pero el verdadero protagonista del momento, al menos para mí, fue otro: Jonathan Lipnicki, aquel nene de cara redonda y anteojos gruesos que en 1996 le robó escenas a Tom Cruise en Jerry Maguire y que en 1999 se subió a la cresta de un ratón gigante en Stuart Little. Lo vi crecer desde algún living ajeno, siempre en película ajena, y ahora me lo encuentro convertido en un adulto de 35 años que interpreta a un hombre dispuesto a encontrarse con un menor por internet. La vida, a veces, escribe guiones más retorcidos que cualquier Hollywood.

Primetime es el segundo largometraje de ficción de Lance Oppenheim, un realizador que se había hecho un nombre en el terreno documental y que ahora se anima con un thriller psicológico basado en los famosos operativos del programa Dateline NBC, donde el periodista Chris Hansen -encarnado aquí por Robert Pattinson- confrontaba en vivo a adultos que caían en trampas televisivas. La mecánica era simple y brutal: un señuelo adulto se hacía pasar por un menor, los sospechosos llegaban a la cita con la excusa de tener sexo con un chico o una chica, y Hansen aparecía con las cámaras prendidas para hacerles las preguntas del millón. La fórmula fue tan exitosa como éticamente cuestionada, y la película se mete de lleno en esa zona gris donde se cruzan el rating, el periodismo y las fuerzas de seguridad.

Un papel que llevaba años esperando

Lipnicki interpreta a uno de esos hombres sorprendidos por Hansen, y según sus propias palabras, el rol llegó en el momento justo. "Había rezado por un material oscuro", dijo el actor, con una frase que a mí me sonó a esos rezos que se hacen de chico cuando todavía no se sabe bien qué se está pidiendo. Es que Lipnicki cargó durante décadas con el estigma del niño prodigio: el Ray Boyd de los anteojos, el Stuart Little de la voz finita, el pibe que todos querían en su película hasta que dejó de ser pibe. En su etapa adulta, apenas dos films lo tuvieron como protagonista en cines, y Primetime es el segundo. El primero había sido, precisamente, el que le permitió alejarse del todo del nene que había sido. Ahora, con este personaje, el viaje parece cerrarse en círculo.

“Había rezado por un material oscuro.”Jonathan Lipnicki

La escena del desnudo y por qué esta vez fue distinto

Salí de la sala pensando en lo curioso que resulta el recorrido de Lipnicki. Empezó su carrera con un Oscar de Tom Cruise colgándole de la mano y una recaudación mundial de Stuart Little que rondó los 300 millones de dólares, premios como el Critics' Choice Award y un Young Artist Award por su actuación infantil en el bolsillo, y ahora, casi treinta años después, vuelve a las primeras planas por un papel que le exige exactamente lo contrario de todo aquello: opacidad, cuerpo expuesto y la voluntad de meterse en la cabeza de alguien a quien uno no quisiera ni cruzarse en la calle. A veces el camino más largo es el que termina volviendo al principio, pero con los ojos cambiados. Y a mí, que lo vi crecer entre pochoclos, eso me dejó una sensación extraña, como cuando un olor de la infancia te encuentra de golpe en la cocina de un amigo: uno no lo fue a buscar, pero lo reconoce al instante. Primetime todavía no tiene fecha de estreno confirmada en la Argentina, pero su paso por Venecia anticipa que la conversación sobre los límites del periodismo televisivo, sobre la infancia que se televisa y sobre los nenes que crecen para hacer papeles que ningún nene debería hacer, va a seguir dando que hablar. Y eso, me parece, no es poca cosa.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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