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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Intolerancia a la lactosa en la adultez: claves para entenderla y convivir con ella sin resignar nutrientes

La caída en la producción de lactasa suele manifestarse entre los 20 y los 30 años, con hinchazón, gases y diarrea. Especialistas consultados explican cómo se diagnostica, qué alimentos convienen y por qué la condición no equivale a la alergia a la leche.

Por Valentina SajamaSociedad y educación · · hace 3 d
Intolerancia a la lactosa en la adultez: claves para entenderla y convivir con ella sin resignar nutrientes

La licenciada en nutrición Carolina Di Girolamo, del Hospital de Clínicas José de San Martín, señaló a este portal que la consulta por molestias digestivas vinculadas a los lácteos se volvió más frecuente en adultos jóvenes durante los últimos años, y atribuyó el fenómeno a una mayor difusión de información sobre el tema. Di Girolamo insistió en que se trata de un cuadro digestivo, no inmunitario, y que la diferencia con la alergia a la leche suele ser el primer punto a aclarar con el paciente.

Qué cambia en el cuerpo

El intestino delgado fabrica lactasa, la enzima encargada de dividir la lactosa —el azúcar natural de la leche— para que pueda absorberse. Esa producción suele ser alta en la infancia y tiende a reducirse con el paso de los años. Cuando el descenso es pronunciado, la lactosa llega sin digerir al intestino grueso, donde las bacterias la fermentan y generan gases, hinchazón y dolor. Además, arrastra agua hacia la luz intestinal, lo que puede provocar heces blandas o diarrea.

A quiénes alcanza y desde cuándo

De acuerdo con una reseña publicada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por su sigla en inglés) y reproducida por la Sociedad Argentina de Nutrición, las molestias suelen manifestarse entre los 20 y los 30 años, aunque pueden aparecer más tarde. La condición presenta una distribución desigual: la prevalencia es alta en personas de ascendencia asiática oriental, nativa americana y africana occidental, y más baja en poblaciones del norte de Europa. Esa diferencia, según el informe, se vincula con la historia de cada grupo en relación con la cría de animales lecheros y el consumo sostenido de sus derivados a lo largo de generaciones.

Cómo se diagnostica y qué hacer

Para confirmar la sospecha, el NIH describe la prueba de hidrógeno en el aire espirado: el paciente ingiere una dosis estandarizada de lactosa y sopla en un dispositivo cada treinta minutos durante aproximadamente cuatro horas. Un aumento marcado de hidrógeno indica que la lactosa no absorbida fue fermentada por las bacterias del colon. No obstante, en muchos casos no hace falta llegar a ese estudio: retirar los lácteos durante un par de semanas y observar si los síntomas ceden suele ser suficiente, según detallaron los profesionales consultados. Si las molestias continúan después de ese período, se recomienda consultar a un gastroenterólogo o a un nutricionista para evitar carencias de calcio, vitamina D y proteínas.

  • Hinchazón, dolor abdominal, gases y diarrea suelen aparecer entre los 20 y los 30 años.
  • La causa es la caída en la producción de lactasa, la enzima que digiere la lactosa.
  • No se confunde con la alergia a la leche, que es una reacción inmunitaria a las proteínas lácteas.
  • La prueba de hidrógeno espirado confirma el diagnóstico, aunque a veces basta con suspender los lácteos por dos semanas.
  • La tolerancia varía: hay quienes toleran pequeñas porciones y reaccionan solo con cantidades mayores.
  • Conviene ajustar la alimentación con orientación profesional para no perder calcio ni vitamina D.
VS
Valentina SajamaSociedad y educación

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