Ikebana, la izakaya porteña que se anima a mezclar sushi, chorizo y molleja en pleno Palermo Soho
Jerónimo Sammartino y el chef Esteban Leira armaron una carta que va del nigiri de molleja al ramen, con trucha, kimchi y un mochi de miso como cierre. Probé la propuesta y te cuento qué pedir, cuánto sale y dónde sentarse para no perderse nada.
Te voy a confesar algo: cuando alguien me dice "restaurante japonés de fusión" en Buenos Aires, ya levanto una ceja. Pero cuando entré a Ikebana, en pleno Palermo Soho, esa ceja bajó rapidísimo. Acá la idea no es esconder el sushi detrás de mil ingredientes, sino ponerlo en una barra estilo izakaya, esa taberna japonesa donde uno se sienta, pide de a poco y mira cómo trabajan los cocineros. Y eso, para mí, ya vale la vuelta.
El local funciona en Honduras y algo de Jorge Luis Borges, a pocas cuadras de Plaza Cortázar. Apenas cruzás la puerta, lo primero que ves es la barra que da directo a la cocina: te sentás ahí y tenés a los chefs trabajando a medio metro, armando nigiris, cortando trucha, sellando gyozas. Es de esas experiencias que justifican el viaje y que, en una ciudad donde comer suele ser mirar el celular, se agradecen un montón.
Una carta para ir picando de a poco
La propuesta de Ikebana está pensada para pedir varias cosas y compartir, que es como se come en una izakaya de verdad. En la carta conviven piezas de sushi con platos calientes como ramen, tempura, karaage, poke y sandos. Lo interesante es el cruce: aparecen ingredientes bien argentinos, como el chorizo y la molleja, metidos dentro de preparaciones japonesas. No es un capricho ni un truco: la mano del chef ejecutivo Esteban Leira y de Jerónimo Sammartino se nota en que cada combinación tiene lógica y, sobre todo, está rica.
- Gyozas de chorizo y manzana verde: la entrada que hay que pedir sí o sí. La manzana verde le corta la grasa al chorizo y le da una frescura que sorprende. Salen alrededor de 4.500 pesos, dependiendo de la fecha en que vayas.
- Tiradito de trucha con ají amarillo, palta, jalapeño encurtido y boniato crocante: para arrancar con algo fresco, con el punto justo de picante.
- Nigiri de molleja con mermelada de ají, alioli de cilantro y sal marina de vino tinto: es la pieza que mejor resume la idea del sushi contemporáneo de fusión que propone la casa.
- Poke de trucha sobre arroz, con salsa tare, kimchi, zanahorias glaseadas, almendras, repollo, cebolla morada encurtida, coliflor en tempura y mermelada de ají: un plato completo, ideal para el que llega con hambre y quiere algo servido en cazuela.
Si te copa el ramen, también está en la carta, junto con otras opciones calientes que cambian según el día. Mi consejo, si vas en pareja o con un amigo, es pedir dos o tres entradas para compartir, después un plato principal por persona y rematar con el postre. Con esa lógica, la cuenta por cabeza ronda los 25.000 a 35.000 pesos, dependiendo de cuánto sushi pidas y si sumás algún trago.
Y hablando de tragos: no te vayas sin probar el cóctel que mezcla fernet con salino de ostras, cordial de ananá y limón. Suena raro, lo sé, pero funciona. El fernet le da esa identidad bien porteña y el salino de ostras suma una profundidad que no esperás. Si no te tentás, hay opciones más clásicas, pero ése es el que cuenta la historia del lugar en un vaso.
El cierre dulce: un mochi con miso
Para el final, hay un mochi con cobertura de masa de harina de arroz y un relleno que combina frutilla, ganache de chocolate y miso. El miso parece una locura en un postre, pero le aporta una nota salada y profunda que contrasta con la frutilla y el chocolate. Es de esos hallazgos que te reconcilian con la pastelería japonesa.
“Pensamos una propuesta que reuniera sushi creativo con otras especialidades japonesas, una idea que se refleja tanto en las piezas individuales como en los platos de la carta.”Jerónimo Sammartino y el chef ejecutivo Esteban Leira
Si te queda una duda sobre cómo arrancar, yo te lo dejo fácil: sentate en la barra, pedí las gyozas de chorizo y manzana verde para abrir el juego, sumá el nigiri de molleja y dejá lugar para el mochi de frutilla, chocolate y miso. Y si te copa la idea de un cóctel con fernet, pedilo sin miedo. Ikebana queda a unas quince cuadras del Obelisco, fácil de combinar con un paseo por Palermo Soho. Reservá con tiempo: la barra se llena rápido, sobre todo los viernes y sábados a la noche.
