Hernández entró, tocó y se llevó el clásico: Belgrano le ganó a Talleres en el Kempes
El Pirata se impuso 1-0 en el interzonal de la fecha 11 del Clausura con un gol del ingresado Ramiro Hernández, dos palos en contra de la T y una noche salvadora de Manuel Vicentini.
Hay clásicos que se ganan con fútbol y otros que se ganan con cintura. Este lo ganó Belgrano a fuerza de banco, de oportunismo y de un arquero que se puso el traje de héroe cuando la noche empezaba a complicarse. En el Kempes, donde jugó de visitante por esas cosas raras del fixture, el Pirata se llevó el derbi cordobés por 1-0 frente a Talleres y se dio el gusto de callar bocas ajenas.
El gol que rompió la historia
A los 41 del primer tiempo, cuando Talleres se había lanzado con todo al ataque, apareció la ley del contraataque. Recuperó Belgrano, avanzó por la izquierda, metió el centro al área y, tras un rebote que no pudo resolver Fernández, la pelota le quedó servida a Ramiro Hernández, que había ingresado por González Metilli. El ingresado no perdonó: definición cruzada, red inflada y silencio en la Popular visitante. Tarea cumplida para el que entró desde el banco.
Vicentini, el dueño de la noche
Porque lo que vino después fue un monólogo de la T que no terminó en empate de puro milagro. Vicentini se disfrazó de muro: desvió al córner un cabezazo de Depietri tras centro de Rick por el segundo palo, y alcanzó a rozar un tiro libre del pibe Baroni, de apenas 17 años, que se estrelló contra el travesaño. El juvenil había entrado hacía un suspiro y ya le estaba amargando la vida a la gente de celeste y blanco.
Antes, un zurdazo de Rick que besó el poste y un cabezazo de Valoyes que encontró el arco vacío pero se fue desviado, le recordaron a Belgrano que los clásicos se definen en los detalles. La T generó, buscó, insistió. Pero la redonda, esa dama caprichosa, eligió quedarse en Berisso.
Lo que pudo ser y no fue
Belgrano también tuvo las suyas. Zelarayán, de cabeza, la mandó por arriba del travesaño después de un córner. Passerini cerró un avance con un remate alto que no llevó peligro. Hasta un yerro de Román Riquelme dejó la pelota servida para Passerini, que habilitó a Rigoni, pero Unsain llegó justo para cortar. Y sobre el cierre, el propio Zelarayán probó de derecha desde el borde del área y la pelota dio en el palo antes de cruzar por delante del arco. Pudo ser 2-0, pudo ser empate. Fue 1-0, y punto.
Belgrano se vuelve a casa con tres puntos que valen oro y la sonrisa del que sabe que ganó sin sobrarle nada. Para la próxima fecha, el Pirata deberá ratificar este envión anímico en condición de local, mientras que Talleres, que sigue sin poder quebrar al Pirata en el Kempes, tendrá que barajar y dar de nuevo para reponerse del golpe. Lo que viene: la duodécima fecha del Clausura, con día y horario a confirmar por la organización del torneo.
