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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Freidoras de aire con inteligencia artificial: cómo deciden la cocción sin que toques un botón

Por Esteban LamasTecnología y ciencia · · hace 17 d
Freidoras de aire con inteligencia artificial: cómo deciden la cocción sin que toques un botón

Las freidoras de aire dejaron de ser aquel electrodoméstico simple que solo sopla aire caliente. Una camada de equipos que ya se vende en el mercado local empezó a sumar cámaras, sensores de humedad y conexión a internet para ajustar la cocción mientras los alimentos se cocinan, casi sin intervención del usuario. La diferencia no es menor: la inteligencia artificial empieza a decidir, en tiempo real, cuánto calor mandar, cómo mover el aire y cuándo conviene avisar que hay que mover la cesta.

En la práctica, la promesa es cocinar un pollo, unas papas congeladas o unas verduras sin tener que estar pendientes del minutero ni de la perilla de temperatura. Para entender por qué esta novedad importa y hasta dónde llega, conviene desarmar el mecanismo pieza por pieza.

Cómo funciona: una cámara, un sensor de humedad y un chip en el medio

  • Identificación del alimento: una pequeña cámara ubicada dentro del aparato distingue si en la cesta hay una proteína, un vegetal o un producto congelado. Es el paso previo para elegir una receta adecuada, casi como si un cocinero experto mirara la bandeja antes de encender el fuego.
  • Estimación de cantidad: el análisis de la imagen permite calcular el volumen y la densidad de la carga. Con ese dato, el sistema regula la potencia del calefactor y la velocidad del ventilador, de la misma forma que se sube la llama cuando la olla está llena y se baja cuando tiene solo unas papas.
  • Control del dorado: mientras la comida se cocina, algoritmos de visión por computadora observan los cambios de color en la superficie. Cuando el tono se acerca al punto justo, el sistema corta o baja el calentamiento antes de que se queme, algo similar a cuando alguien apaga la hornalla al ver que la costilla ya está dorada.
  • Manejo de la humedad: un sensor mide la condensación dentro de la cuba. Si detecta mucha vapor al inicio, aumenta el flujo de aire de manera temporaria para secar la superficie y lograr una textura crujiente, igual que abrir una ventana cuando el baño se empaña después de una ducha caliente.
  • Cálculo del tiempo restante: el equipo compara la evolución de la temperatura con recetas guardadas en servidores remotos y va actualizando en pantalla cuántos minutos faltan, en lugar de mostrar un reloj fijo desde el arranque.

La conexión WiFi cumple un rol distinto al de los sensores: comunica la freidora con el teléfono y con los servidores del fabricante. Al elegir una receta en la aplicación del celular, se envía una programación que incluye la temperatura de arranque, la duración total y los cambios previstos para cada etapa. La misma aplicación recibe después los avisos para agitar la cesta o retirar la comida cuando termina el ciclo.

En algunos modelos, las órdenes se pueden dar con asistentes de voz: basta con pedirle que inicie o que pause la preparación. Además, la conexión sirve para bajar actualizaciones de software que agregan perfiles de cocción nuevos o mejoran el consumo eléctrico, sin necesidad de cambiar piezas ni concurrir al service.

Qué falta para que la freidora inteligente llegue a todos los hogares

  • Precio inicial más alto: los modelos con cámara, sensor de humedad y WiFi cuestan sensiblemente más que los tradicionales. Por ahora son una excepción dentro del segmento y no la regla.
  • Dependencia de la nube: si el fabricante decide apagar los servidores o deja de dar soporte, las recetas inteligentes y los ajustes automáticos pueden dejar de actualizarse, aunque el equipo siga funcionando de manera básica.
  • Cocina poco profunda: la inteligencia artificial distingue categorías generales de alimentos. Cocciones muy particulares o preparaciones caseras sin receta cargada todavía requieren los ajustes manuales de siempre, como bajar la temperatura a mitad de ciclo o agregar unos minutos extra.
  • Privacidad: las cámaras y los sensores dentro de un electrodoméstico hogareño empiezan a generar preguntas sobre qué datos se envían a servidores externos y quién accede a esa información, un debate que todavía no tiene respuestas cerradas en el mercado argentino.
EL
Esteban LamasTecnología y ciencia

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