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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Extrañar en público: Leuco y Martínez se confesaron en cámara y dejaron preguntas que el estudio no pudo responder

Los expareja que condujeron juntos en la pantalla se sometieron a un cuestionario cruzado sobre los casi ocho años que compartieron. Entre silencios en redes, mensajes borrados y confesiones a último momento, el segmento dejó flotando una pregunta incómoda: ¿estos reencuentros televisivos ayudan a cerrar o simplemente exponen lo que todavía no se cerró?

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 31 d
Extrañar en público: Leuco y Martínez se confesaron en cámara y dejaron preguntas que el estudio no pudo responder

Lo primero que sentí al ver el video fue algo raro, una mezcla entre curiosidad y esa vergüenza ajena que uno siente cuando dos ex se sacan chispas delante de un montón de gente. Pero también, por qué no decirlo, un poco de ternura, esa ternura que aparece cuando ves a dos personas que se quisieron mucho intentar, en vivo y en directo, mostrarse sin caretas. Diego Leuco y Sofi Martínez, dos periodistas a los que el público conoce por su laburo en distintos medios, se sentaron uno al lado del otro y se sometieron a un cuestionario picante sobre los casi ocho años que compartieron como pareja y como dupla en la televisión. Y lo que empezó como un juego fue, de a ratos, un ejercicio de honestidad bastante crudo.

Lo que se dijo, palabra más palabra menos

La mecánica fue simple: preguntas cruzadas, respuestas en vivo, un conductor como árbitro. Lo que no fue tan simple es lo que terminó saliendo. Martínez contó que el mismo día de la separación tomó una decisión que muchos, en la intimidad del dolor, habrán tomado alguna vez: silenciar a Leuco en todas las redes sociales. No eliminarlo, no bloquearlo, silenciarlo, que es casi peor, porque es como decirle al algoritmo: no quiero saber nada de esta persona, pero tampoco quiero dar el paso siguiente. Leuco, mientras tanto, reconoció que esa decisión todavía le pesa, que lo incomoda seguir del otro lado del silencio digital.

“El día que nos separamos te silencié y hasta el día de hoy no aparecés en mis redes. Era mejor silenciarte que eliminarte.”Sofi Martínez

Lo que pasó con las fotos en el teléfono me pareció, se lo confieso, uno de los detalles más humanos de toda la noche. Martínez contó que no borró las imágenes compartidas, pero ajustó la configuración del celular para que la cara de Leuco no le apareciera cada vez que el teléfono le recordaba un aniversario, un viaje, una cena. Es un truco, una especie de anestesia low cost para no tener que pasar por el dolor de borrar, pero tampoco por el de ver. Yo lo entendí perfectamente, porque más de una vez, en mi propio recorrido sentimental, recurrí a ese tipo de soluciones intermedias que no terminan de cerrar nada pero permiten seguir respirando.

Los mensajes que nunca llegaron y la confesión final

Leuco contó, casi como al pasar, que escribió millones de mensajes que después borró sin enviar. Yo soy de escribir largo, se justificó, como si la extensión del mensaje fuera una excusa válida para el hecho de no animarse a apretar el botón de enviar. Y acá aparece uno de los puntos que más me hicieron pensar sobre la nota entera: ¿qué tiene el papel de vidrio de la pantalla que nos permite ser tan valientes con el teclado y tan cobardes con el dedo del enviar? Porque escribir largo y borrar es, en definitiva, hablar solo disfrazado de diálogo. Después vino la pregunta del millón, la que el conductor tiró como quien tira una piedra al agua quieta: si todavía la extrañaba en el plano sentimental, no en el cotidiano, no en el profesional, sino en ese lugar íntimo que uno reserva para las personas que fueron mucho más que compañeros de trabajo. Leuco intentó esquivarla, como hacemos todos cuando vemos que una pregunta nos pone entre la espada y la pared. Pero al final, con la honestidad que a veces solo aparece cuando ya no queda escapatoria, soltó la frase: muchas veces, sí. Más veces sí que no.

  • Los ex son, muchas veces, los fantasmas más persistentes que puede cargar alguien, incluso después de años de separación.
  • Escribir y borrar mensajes sin enviarlos es una de las formas más comunes de diálogo inconcluso que existen en la era digital.
  • Silenciar en redes es una categoría distinta del bloqueo: es un castigo intermedio que muchos eligen para no tener que tomar la decisión final.
  • Ajustar la configuración del teléfono para no ver la cara del ex en los recuerdos automáticos es una solución tecnológica al dolor emocional que define a esta generación.

Y acá me permito abrir el juego, porque es lo que me dejó pensando este cruce y lo que, creo, le dejó pensando a más de uno. ¿Estos reencuentros televisivos entre exparejas son una forma sana de cerrar etapas, como algunos defienden, o son, en el fondo, una manera elegante de abrir más preguntas de las que se pueden responder en un estudio con cámaras y un conductor que mira el reloj? Yo me inclino por una lectura intermedia: no creo que sean ni terapéuticos ni dañinos per se. Creo que son, sobre todo, un espejo. Un espejo en el que miles de personas que alguna vez amaron y fueron dejadas de amar se ven reflejadas, reconociéndose en los silencios que duran más que las palabras, en los mensajes borrados, en las fotos que no se borran pero se esconden del algoritmo. Y si eso, de alguna manera, nos hace sentir un poco menos solos en el laberinto de los amores que terminan, bienvenida sea la confesión pública. Aunque duela, aunque incomode, aunque nos deje con más preguntas que respuestas. Como le dejó a Leuco, como le dejó a Martínez, como me dejó a mí mientras escribía esta nota un domingo a la tarde, con el ruido de la calle entrando por la ventana y esa sensación de que el amor, cuando se va, siempre se lleva algo más que la presencia: se lleva la certeza de que uno va a estar bien mañana.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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