El Niño recalienta la mesa de fin de año: la carne vacuna se encamina a un alza de hasta diez por ciento antes de las Fiestas
El avance de las crecidas sobre el Litoral argentino ya se traduce en precios: el mercado anticipa subas en los cortes para diciembre, mientras la mayor generación hidroeléctrica podría suavizar el costo de la energía. En el agro, el balance tiende a ser favorable para la soja y el maíz, aunque la logística queda bajo amenaza.
El río Paraná volvió a cruzar un umbral de alerta y, con él, volvió a instalarse en la agenda económica un fenómeno que golpea de manera directa al bolsillo: la carne vacuna podría encarecerse hasta un diez por ciento en las semanas previas a las Fiestas, en un escenario en el que los cortes ya venían acelerando su ritmo de suba. La causa inmediata es el avance de El Niño sobre el Litoral argentino, que dejó crecidas históricas en el Paraná, alrededor de quinientos evacuados en la provincia de Corrientes y la apertura de las compuertas del vertedero principal de la represa de Yacyretá.
El caudal del Paraná superó los 26.300 metros cúbicos por segundo en los últimos días, un volumen equivalente a llenar diez piletas olímpicas por segundo, mientras los organismos hídricos proyectan que el río superará los siete metros frente a la capital correntina. Los especialistas consultados advierten, además, que lo peor todavía no llegó: el torrente demorará alrededor de veinte días en alcanzar el Delta del Paraná, con lo cual el impacto productivo y logístico recién está comenzando a sentirse. Comparado con la campaña anterior, cuando la bajante dominó el escenario durante buena parte del año, la diferencia es categórica: el río pasó de una situación de estrés hídrico a una de exceso que modifica por completo la dinámica de la generación eléctrica, la navegación y la producción agropecuaria.
La carne, en el centro de la presión
Para quienes hacen las compras, la traducción del fenómeno llega por el lado de los alimentos. En el último relevamiento del Instituto Nacional de Estadística y Censos, los cortes de vaca ya habían registrado una suba de cerca del uno por ciento en un mes, en un contexto en el que el rubro alimentos y bebidas representa el 23,4 por ciento del índice de precios al consumidor, y la carne explica, según la región, entre el siete y el trece por ciento de la variación de ese capítulo. La lógica detrás de la presión es relativamente simple: las inundaciones interrumpen pastoreos, encarecen el traslado de hacienda y alteran la terminación de los animales, con lo que la oferta tiende a ajustarse. Traducido: cuando la oferta se retrae en un producto con demanda inelástica y ponderación elevada en la canasta, aun un diez por ciento de suba se nota en el índice general, y mucho más en la mesa de fin de año.
Energía: el contrapeso de las represas
En sentido contrario opera la energía eléctrica. El exceso hídrico obliga a turbinar un volumen mayor de agua, y la hidroelectricidad es la fuente más barata del sistema argentino, con un costo marginal que se ubica muy por debajo del de las centrales térmicas. Cuando se incrementa la generación hidro, se reduce la necesidad de quemar combustibles fósiles y, por lo tanto, debería moderarse el precio de la energía en el mercado mayorista. La contrapartida técnica es menos visible para el público pero relevante para el precio: con el río crecido aguas abajo, cada metro cúbico de agua rinde menos en las turbinas, según datos de la propia Entidad Binacional Yacyretá, lo que atenúa parcialmente el beneficio.
El agro: la revancha de los rindes
Para el campo, el balance tiende a ser más amable en el mediano plazo. En las quince campañas con influencia de El Niño registradas desde 1980-1981, el rinde promedio de la soja se ubicó un 6,1 por ciento por encima de su tendencia de largo plazo, y el del maíz, un 6,4 por ciento por encima. Sobre una cosecha proyectada para el ciclo 2026-2027 de 155,8 millones de toneladas, según la Bolsa de Comercio de Rosario, ese desvío positivo típico de los años Niño podría sumar unas siete millones de toneladas adicionales. En otras palabras, la mayor producción agrícola, una vez que se traduce en oferta de alimentos, suele licuar parte de la presión sobre los precios, aunque con el rezago propio de la cadena de comercialización.
- Caudal del Paraná: más de 26.300 metros cúbicos por segundo, equivalentes a diez piletas olímpicas por segundo.
- Yacyretá: compuertas del vertedero principal abiertas para descomprimir la represa.
- Corrientes: alrededor de quinientos evacuados y río proyectado por encima de los siete metros.
- Carne vacuna: suba esperada de hasta diez por ciento antes de las Fiestas; cortes de vaca ya en torno al uno por ciento mensual según INDEC.
- Soja: rinde promedio 6,1 por ciento por encima de la tendencia en años Niño.
- Maíz: rinde promedio 6,4 por ciento por encima de la tendencia en años Niño.
- Cosecha 2026-2027 proyectada: 155,8 millones de toneladas, con un plus estimado de siete millones en años Niño.
- Alimentos y bebidas: 23,4 por ciento del IPC; carne explica entre el 7 y el 13 por ciento del rubro según la región.
El cuadro general, en suma, combina dos fuerzas que tiran en direcciones opuestas: por un lado, la presión inflacionaria sobre los cortes vacunas, en un momento del año en el que el consumo estacional se concentra en pocas semanas; por el otro, un alivio relativo en el costo de la energía y una promesa de mejores cosechas, aunque condicionada por la amenaza de inundaciones prolongadas que pueden encarecer la logística. Para el consumidor argentino, la traducción práctica es incómoda: lo peor del fenómeno todavía no llegó, el pico de caudal en el Delta se proyecta para dentro de unos veinte días y el mercado ya descuenta una suba que se sentirá en la mesa de las Fiestas.
