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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El hechizo quedó a medias: por qué "Prácticamente magia 2" deja la puerta abierta a una tercera parte

Veintisiete años después de la primera entrega, Nicole Kidman y Sandra Bullock vuelven como las hermanas Owen para enfrentar a un pariente sin magia y romper una maldición familiar. Pero la película resuelve lo justo y deja varios arcos sin cerrar, lo que reabre el debate sobre si hace falta una secuela más.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 32 d
El hechizo quedó a medias: por qué "Prácticamente magia 2" deja la puerta abierta a una tercera parte

Volví a sentir ese olor a popcorn barato mezclado con el perfume dulzón de la butaca de cuero sintético que tienen en el cine de la esquina, el de la calle donde uno va desde chico, y por un momento me pareció que seguía teniendo quince años y que el mundo era tan simple como una tarde de sábado. Pero no: en la pantalla estaban otra vez Sally y Gillian Owens, las hermanas que en 1998 nos enseñaron que la brujería más poderosa era la de quererse igual a pesar de todo, y yo ya tengo la edad suficiente como para preguntar en voz alta si esta vuelta sirve como cierre o si, por el contrario, deja la historia colgada del pincel como cuando una zamba queda en el aire esperando el estribillo.

Les cuento de qué va "Prácticamente magia 2", la secuela que recién llegó a los cines y que retoma a las hermanas Owen casi tres décadas después de su primera aparición, con Nicole Kidman y Sandra Bullock otra vez en los papeles que las hicieron famosas. La premisa es bien directa: la familia entera se ve amenazada por Tom Bailey, un pariente lejano que no tiene un gramo de magia y que quiere quedarse con el libro de hechizos para resolver cuentas pendientes. El tipo no la pasa bien: las Owen lo sacan de circulación con un conjuro colectivo que zanja ese conflicto sin demasiado sobresalto.

El corazón de la película está en Massachusetts

Lo verdaderamente heavy de la entrega pasa en otro lado, en paralelo a esa pelea. Frances, la tía de las hermanas, descubre que la única manera de cortar la maldición que carga la familia desde hace generaciones, esa que condena a morir a los hombres que las mujeres Owen llegan a amar de verdad, es mediante un sacrificio personal. Y lo hace. Esa decisión es la que permite que Gideon, el novio de Kylie que estaba en coma desde la primera película, despierte. Es el momento más emotivo de la función, y por lo menos a mí me dejó con un nudo en la garganta que tardé en deshacer.

A partir de ahí, el tono gira hacia la reconstrucción. Las dos pibas más jóvenes de la familia empiezan a darse cuenta de que la magia les corre por las venas y empiezan a explorar qué pueden hacer con ella. Kylie se casa con el recién despertado Gideon, Sally retoma su vida sentimental al lado de Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega y que funciona como una suerte de compañero de ruta para la protagonista. La película termina sin escena poscréditos, como las de superhéroes, así que lo que queda es lo que se vio en pantalla y nada más.

Lo que la película no cierra

  • El arco de Gillian Owens no llega a un punto de cierre definitivo y queda latente hasta el final.
  • Las integrantes más jóvenes de la familia apenas comienzan a explorar su herencia mágica, sin que se vea hacia dónde van con esos poderes.
  • No queda claro qué va a pasar con el negocio familiar que identifica a las Owen, ese que las une al pueblo y las sostiene económicamente.
  • La relación entre Sally e Ian queda en pañales, apenas esbozada, sin que se sepa si va a prosperar o no.

Esos hilos sueltos, más que un cliffhanger explícito con una imagen cortada en negro y un ruido fuerte, son los que mantienen viva la conversación sobre una posible tercera parte. No es que la película termine en un suspenso brutal, sino que deja la sensación de que hay material como para seguir, sobre todo si se tiene en cuenta el contexto: la primera entrega tuvo una segunda vida enorme en plataformas de streaming, donde generaciones que no habían nacido en 1998 la descubrieron y se engancharon con la historia.

Yo salí del cine con una mezcla rara: por un lado, contenta de haber visto a Sally y Gillian otra vez juntas, como reencontrarme con dos amigas de toda la vida; por el otro, con la sensación de que el cierre fue un poquito tibio, como cuando una zamba termina antes de que uno quiera que termine y te deja con ganas de pedir otra. ¿Tendría que haber una tercera parte para cerrar esos arcos o el final actual, con su sabor a mitad de camino, es suficiente? Me inclino a pensar que la historia todavía tiene cuerda, pero también que el encanto de esta franquicia siempre estuvo más en el vínculo entre las hermanas que en los conflictos mágicos pendientes. Y eso, viniendo de quien les escribe, no es un dato menor.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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