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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El guiso que rompe el mito: garbanzos con calamares, listo en 20 minutos y mejor al otro día

Una receta de cuchara que combina legumbres y mariscos sin complicarse la vida. Sofrito clásico, pocos minutos de hervor y un resultado que hasta mejora de un día para el otro.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 35 d
El guiso que rompe el mito: garbanzos con calamares, listo en 20 minutos y mejor al otro día

Te confieso algo: durante años esquivé la combinación de legumbres con mariscos porque la daba por complicada, de esas recetas que piden horas de olla y paciencia de monje. Hasta que me animé a probar con un paquete de garbanzos ya cocidos y un buen puñado de calamares frescos. La sorpresa fue total: en 20 minutos reloj en mano tenía un guiso con cuerpo, sabor profundo y esa textura untuosa que uno busca en un plato de cuchara. Desde entonces, lo hago seguido, sobre todo cuando quiero comer rico entre semana sin dejar la cocina hecha un desastre.

La gracia de esta preparación está en partir de una base bien hecha. Cebolla picada, ajo y tomate se llevan a fuego medio hasta que el conjunto queda reducido y oscuro, casi como un concentrado. Ese es el fondo que después sostiene a los calamares limpios y cortados en aros, que se saltean apenas lo necesario para que tomen color pero no se arrugen. Después entran los garbanzos escurridos y el caldo de pescado, que puede ser casero o de los que vienen en tetrabrik, sin culpa. Un hervor corto, de pocos minutos, termina de integrar todo y listo: el guiso queda corto de líquido, más parecido a un salteado húmedo que a una sopa tradicional.

El truco está en cocinarlo la noche anterior

Acá va un consejo que vale oro y que aprendí después de varias pruebas: este plato gana en sabor de un día para el otro. Las legumbres absorben el caldo durante la noche y los sabores se asientan, como si la cocina se terminara sola en la heladera. Por eso mi estrategia es cocinarlo el domingo a la noche y guardarlo en un recipiente hermético; al mediodía siguiente, un par de minutos en el microondas o al fuego bajo y queda como recién hecho. Aguanta perfecto la textura, no se pasa ni se seca, y es una opción bárbara para llevar al trabajo en un taper. En la oficina, el guiso entra tibio y el aroma abre el apetito de toda la planta.

Tres cefalópodos, mismo resultado

El calamar no es la única opción válida para este guiso, y eso lo hace todavía más versátil. La sepia aporta una textura más firme y un sabor algo más marcado, ideal si querés un plato con más personalidad. Los chipirones, más chiquitos, se cocinan en menos tiempo y quedan tiernos si los sacás a tiempo del fuego. Los tres caminos conducen al mismo plato, así que elijas el que elijas según lo que haya en la pescadería del barrio o lo que te tiente en el momento. Lo que no conviene es pasarlos de cocción, porque ahí sí se ponen gomosos y arruinan la experiencia.

En lo nutricional, la combinación es de las más equilibradas que existen: proteína vegetal de la legumbre, proteína magra del marisco y grasas mínimas. Una preparación típica de la cocina mediterránea que alimenta bien sin caer en excesos. Si te copa la idea, te recomiendo sumarle al final un chorrito de aceite de oliva crudo y, si tenés a mano, unas hebras de perejil fresco picado. Para comerlo, nada mejor que un plato hondo, una cuchara grande y un buen trozo de pan para mojar el caldo.

Dónde probar algo parecido

Si te da fiaca cocinar o querés tantear el sabor antes de animarte en casa, fijate en los menús de los restaurantes de barrio con cocina de puerto, especialmente en zonas como La Boca o el centro, donde los guisos de mariscos suelen incluir variantes con legumbres. Pedí el plato con una copa de vino blanco bien fría y vas a entender de qué hablo. Y si te copa la experiencia, después te animás a la versión casera, que es la que termina enganchando de verdad.

MV

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