Digger, la apuesta de Iñárritu y Cruise que mezcla petróleo, hielo y humor negro
El realizador mexicano dirige a Tom Cruise como un magnate que intenta revertir el desastre ambiental que él mismo desató, en una comedia negra que llegó a los cines con cifras de estreno muy por debajo de su presupuesto.
El zumbido del proyector y ese olor a pochoclo caliente que todavía se pega en la ropa cuando uno sale del cine fue lo primero que me recibió el jueves a la noche, en la sala donde finalmente pude ver Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu que pone a Tom Cruise en la piel de un magnate petrolero dispuesto a todo con tal de limpiar su propia imagen.
La historia arranca con una operación de extracción en Groenlandia que termina provocando el desprendimiento de una masa de hielo gigantesca, un bloque que avanza, según la ficción, hacia el norte de Europa. A partir de ahí, la película se mete de lleno en el intento desesperado de Digger Rockwell, el hombre más poderoso del mundo según la sinopsis oficial, por encabezar el rescate de la humanidad sin resignar ni un centímetro de su poder.
Un registro distinto para Cruise
Yo lo vi en la pantalla enorme y te confieso que al principio me costó despegármelo de Ethan Hunt: la postura, el aplomo, esa manera de caminar como si el mundo le debiera algo. Pero a los pocos minutos el tono cambia y empieza a aparecer un Digger caricaturesco, con gestos ampulosos y una corporalidad que el propio Cruise se construye para alejarse de las sagas de Misión Imposible y de Top Gun. Es, como dijo alguien en la fila del cine mientras esperábamos entrar, un Cruise al que no estábamos acostumbrados a ver.
Riz Ahmed interpreta al doctor Nirav Ganesh, el especialista en seguridad ambiental que funciona como la conciencia científica del relato, mientras que John Goodman se mete en la piel del presidente de Estados Unidos, un tal Compton, que queda a merced de los caprichos del magnate. Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg y Jesse Plemons completan parte del elenco y le dan a la película ese aire coral que a Iñárritu le gusta manejar cuando quiere mezclar política, dinero y delirio.
Un debut tibio en la taquilla
En lo que hace a los números, el estreno fue más bien frío: la película habría juntado unos ocho millones de dólares en Estados Unidos y Canadá, más otros doce millones en 73 mercados internacionales, lo que arroja un primer fin de semana cercano a los veinte millones de dólares. El presupuesto de producción se mueve en una franja estimativa de 160 a 180 millones de dólares, sin contar la campaña de marketing, así que la diferencia entre lo invertido y lo recaudado todavía pesa.
“Siento que vamos a crear algo que la gente quiera volver a ver una y otra vez durante muchos años.”Tom Cruise, en entrevista con Kevin McCarthy publicada el día del estreno
La frase de Cruise, a la que le falta el final que el material original no trae, resume de todos modos el espíritu de un proyecto en el que el actor se la juega por un personaje incómodo, un magnate que encarna lo peor del extractivismo y que, al mismo tiempo, se presenta como el único capaz de salvar al mundo. Es, en definitiva, una comedia negra sobre la irresponsabilidad de quienes toman decisiones, contada con el pulso irónico que Iñárritu sabe imprimirle a sus historias.
Te puede interesar
