De Ushuaia al hielo eterno: lo que hay que saber antes de embarcarse rumbo a la Antártida
Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, repasa los aspectos prácticos de una travesía antártica: el clima, el Pasaje de Drake, los desembarcos en Zodiac y los detalles logísticos que conviene tener en cuenta antes de subir al buque.
Lo confieso: cuando empecé a investigar este viaje me imaginé a los pasajeros como personajes de las expediciones de Scott o Shackleton, con barbas largas y pinta de haber sobrevivido a un temporal. La realidad es bastante más terrenal. Hoy un viaje a la Antártida puede hacerse en un buque con capacidad para 90 personas, camarotes cómodos, comedor y biblioteca. Eso sí: el continente blanco sigue mandando, y quien no llegue preparado puede quedarse en el puerto. Se lo dijo con claridad a este medio Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions.
Llegar a tiempo a Ushuaia, la primera regla
Lo que viene a continuación
La aventura empieza antes del embarque. Gounaris recomienda pisar Ushuaia uno o dos días antes de la fecha de zarpe: "Una demora en el vuelo puede dejar al pasajero sin posibilidad de abordar", dice sobre el riesgo de perder la salida. Desde el aeropuerto de Buenos Aires o desde cualquier ciudad del país, conviene sumar ese margen para evitar disgustos.
- Llegar a Ushuaia uno o dos días antes del embarque para cubrirse de demoras aéreas.
- Contratar un seguro de viaje adecuado y chequear qué incluye cada operador: la mayoría de ellos se hace cargo de las botas y de las prendas exteriores impermeables, mientras que el pasajero aporta la vestimenta interior por capas.
- Tener movilidad suficiente para subir y bajar de los botes neumáticos Zodiac y caminar sobre costas rocosas o nevadas, que suelen ser irregulares.
- Elegir el camarote según la tolerancia al movimiento: los ubicados en cubiertas bajas y cerca del centro del buque se sienten menos las oscilaciones; los de cubierta alta ganan en vistas y pierden en estabilidad.
El Pasaje de Drake, ese viejo conocido
El buque parte de Ushuaia, navega por el Canal Beagle y se interna en el Pasaje de Drake, los casi mil kilómetros de mar que separan Sudamérica de la Península Antártica. El estado del agua varía de una travesía a otra y no hay forma de anticiparlo: hay cruceros en que el mar se comporta como una pileta y otros en que hay que aferrarse a la baranda. Durante esas jornadas el equipo de expedición dicta charlas sobre geografía, fauna, historia del continente y las reglas ambientales que regirán cada visita.
Una vez en la Península, el plan es intentar hasta dos salidas diarias, de unas tres horas cada una, siempre y cuando el tiempo lo permita. Los Zodiac acercan a los pasajeros a costas y glaciares a los que el buque no puede arrimarse. Las actividades pueden ser caminatas, avistaje de fauna o simplemente quedarse en silencio frente a un témpano. Eso sí: el recorrido previsto puede modificarse por el viento, el oleaje o la presencia de hielo, y la decisión final la toma el capitán.
“El recorrido previsto puede modificarse por el viento, el oleaje o la presencia de hielo. Las decisiones finales corresponden al capitán.”Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions
En esa etapa del verano austral es posible cruzarse con pingüinos, focas, aves marinas y cetáceos, aunque los avistamientos nunca están asegurados. Tocar o alimentar a los animales está prohibido, y las distancias y protocolos de bioseguridad se respetan a rajatabla: se trata, también, de no dejar huellas en el lugar más prístino del planeta.
El buque y un consejo práctico
El Ushuaia, la nave con la que opera Antarpply, lleva 90 pasajeros en 46 cabinas y suites, y cuenta con comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias. Para reservar, conviene escribir directo a la operadora o a una agencia especializada en la Argentina. Los precios varían según la temporada, el tipo de camarote y la duración del itinerario, que suele ir de 10 a 12 días. Una referencia orientativa: las tarifas arrancan en torno a los 6.000 dólares por pasajero en categoría más económica y pueden superar los 15.000 en suites superiores, siempre en temporada 2024-2025.
Si me preguntan a mí, lo que más me llevo de esta nota es que la Antártida no es un destino para improvisados: lleva y la paciencia. Hay que aceptar que el clima puede cambiar el plan a último momento, llevar la ropa por capas, asegurar la movilidad para subir a los Zodiac y, sobre todo, llegar a Ushuaia con tiempo. Después, el continente blanco se encarga del resto.
