Cuando Anatolia se vuelve una larga noche de preguntas sin respuesta
Nuri Bilge Ceylan convierte una búsqueda policial en las estepas turcas en una película que se mide por silencios, rostros cansados y la ausencia de respuestas. Un viaje incómodo, hipnótico y profundamente humano, disponible en la plataforma Filmin.
A veces una película empieza antes de la pantalla. Me pasó con Érase una vez en Anatolia: la puse una noche de esas en las que uno está cansado pero no puede dormir, y a los veinte minutos sentí que el living se llenaba del viento de la estepa turcas, ese aire frío y polvoriento que el director Nuri Bilge Ceylan filma como si fuera un personaje más. Por eso me animo a recomendarles esta película: porque entra de a poco, como entra el olor a tierra cuando uno abre la ventana del auto en un viaje largo, y a la media hora ya se metió adentro.
La idea, en pocas palabras, es casi minimalista: una comitiva formada por un fiscal, un médico forense y varios policías sale de noche con el asesino y su cómplice a buscar el cuerpo de la víctima por las estepas de Anatolia. Los dos sospechosos estaban tan borrachos cuando enterraron el cadáver que no recuerdan el lugar exacto. Y lo que sigue es una travesía larga, polvorienta y frustrada, donde el auto avanza y retrocede, las linternas iluminan pozos que no son, y la noche se estira como si no tuviera intención de terminar nunca.
Un thriller que se permite no tener apuro
Ceylan, un director turco conocido por un cine de ritmo pausado y observación rigurosa de lo cotidiano, lleva esa marca personal hasta el extremo en esta película. Las dos horas y media no se justifican por una trama compleja ni por una investigación llena de pistas, sino por una mirada que prefiere detenerse en los detalles que otras películas directamente cortan: una pausa antes de hablar, una luz que aparece a lo lejos entre los arbustos, el cansancio acumulado en una cara, una frase suelta que alguien deja caer y que se queda dando vueltas en el aire del auto.
Las conversaciones que llenan el trayecto parecen triviales en la superficie pero acumulan peso a medida que avanza la noche. Los personajes cuentan historias, se distraen, discuten por cosas chicas, dudan. La oscuridad del campo turco funciona menos como decorado y más como un estado de ánimo: un afuera enorme y vacío donde las certezas se van perdiendo junto con el sueño.
“La angustia que construye esta película no es la del suspenso clásico, ese que te hace saltar de la silla, sino algo más cercano al agotamiento existencial: personas que conviven a diario con el crimen y la muerte y que, de tanto mirar lo peor, van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí.”Lucía Quipildor
- Érase una vez en Anatolia obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes.
- Está considerada una de las obras centrales del cine turco contemporáneo.
- Se puede ver en la plataforma Filmin.
- Ideal para quienes están dispuestos a dejar el celular de lado y entregarse a un ritmo lento, casi hipnótico.
- No apta para quien busque una trama policial llena de resoluciones brillantes.
La película incomoda a quien espera aceleración y, en cambio, recompensa a quien acepta sus condiciones. A mí me dejó pensando varios días después: en la gente que ve la peor cara del ser humano todos los días y sigue trabajando, en los secretos que cada uno carga sin compartir, y en esas búsquedas que uno emprende sin estar seguro de querer encontrar lo que está buscando. Si les gusta el cine que se mide por silencios y por caras, esta es una joyita para una noche larga de fin de semana.
