Criar con límites: especialistas explican por qué el diálogo sin firmeza puede dificultar el desarrollo emocional
Psicólogas consultadas diferencian entre el ejercicio de la autoridad y el autoritarismo, y señalan que la ausencia de normas claras afecta la tolerancia a la frustración y la autorregulación en la infancia. La nota recorre qué cambia en la dinámica familiar, a quiénes alcanza y desde cuándo se recomienda sostener esa postura.
En los últimos años, un número creciente de familias argentinas modificó su manera de vincularse con niños y adolescentes y reemplazó las órdenes y los castigos por instancias de conversación. Sin embargo, profesionales de la psicología infantojuvenil advirtieron que, cuando el diálogo se transforma en una negociación permanente y el adulto cede ante el primer conflicto, la crianza puede perder firmeza y comprometer el aprendizaje de la regulación emocional.
Para la psicóloga infantojuvenil Ivana Raschkovan, autora del libro Infancias respetadas, el problema no reside en conversar sino en la renuncia del adulto a sostener su palabra. En declaraciones recogidas por este medio, Raschkovan explicó que conversar no quita autoridad, ya que la pérdida de autoridad ocurre cuando el adulto le teme al conflicto y lo evita. Si para esquivar un berrinche terminamos moviendo el límite, el mensaje se vuelve sumamente confuso.
Qué cambia en la crianza
Qué cambia en la crianza
La especialista diferenció con claridad entre dos conceptos que suelen confundirse en el debate público. El autoritarismo, indicó, constituye un abuso de poder, mientras que el respeto hacia niños y adolescentes se expresa en el buen trato y no en la ausencia de normas. En esa dirección, Raschkovan sostuvo que respetar no equivale a dejar hacer lo que quieran, ya que el respeto está en el buen trato, no en la ausencia de normas.
“Los límites son indispensables para aprender a vivir en sociedad. La vida misma ya presenta dosis diarias de frustración: hay que ir a dormir aunque quieran seguir jugando, no se puede almorzar caramelos, hay que dar la mano para cruzar la calle. Esas pequeñas frustraciones cotidianas van construyendo la tolerancia a la frustración.”Ivana Raschkovan, psicóloga infantojuvenil
A quién alcanza la recomendación
A quién alcanza la recomendación
La advertencia alcanza a madres, padres y adultos responsables del cuidado de niños y adolescentes, en un contexto en el que los modelos de crianza permisivos ganaron terreno. La psicóloga Deborah Bellota señaló que los padres permisivos suelen ser muy afectuosos, pero muchas veces no ponen límites por miedo a que el hijo se enoje con ellos. Esa dinámica puede favorecer la autoestima, aunque también genera dificultades para autorregularse, baja tolerancia a la frustración y resistencia a figuras de autoridad.
El planteo se inscribe en la clasificación desarrollada por la psicóloga Diana Baumrind en los años sesenta, que describió tres estilos de crianza: el autoritario, con reglas rígidas y poca escucha; el permisivo, con predominio del afecto pero escasez de límites; y el democrático o autoritativo, que combina normas claras con diálogo y contención. El modelo autoritativo constituye, según la literatura especializada recogida por Raschkovan y Bellota, el punto de equilibrio recomendado por la comunidad científica para el acompañamiento de las infancias.
Desde cuándo y por qué importa sostener el no
La capacidad de tolerar la frustración, coincidieron las especialistas consultadas, no aparece de forma espontánea, sino que se aprende en la cotidianeidad. Si un niño no experimenta el no en un entorno seguro, es posible que no desarrolle los recursos emocionales suficientes para procesar situaciones difíciles fuera del ámbito familiar. Bellota agregó que el trabajo del adulto no termina cuando dice no, ya que la palabra por sí sola no alcanza sin un acompañamiento afectivo posterior.
