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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Convivencia con perros y salud mental: qué dicen los estudios y hasta dónde llega la evidencia

Una revisión de la investigadora Diane Dreher y otros trabajos especializados analizaron el impacto emocional de tener un perro. La literatura científica describe beneficios concretos, pero advierte que el vínculo no reemplaza la atención profesional.

Por Valentina SajamaSociedad y educación · · hace 5 d
Convivencia con perros y salud mental: qué dicen los estudios y hasta dónde llega la evidencia

La convivencia con perros aparece asociada en la literatura científica a efectos concretos sobre el bienestar emocional de las personas, en particular a una reducción del estrés percibido, a un aumento de la actividad física cotidiana y a la construcción de una rutina diaria que estructura el día. Los estudios revisados por la investigadora Diane Dreher, profesora de psicología y autora de una compilación que reúne trabajos sobre los efectos físicos y emocionales del vínculo entre personas y perros, coinciden en señalar que esa relación puede integrarse como un componente dentro de una red de bienestar más amplia.

Qué cambia en la vida cotidiana

Cuidar a un perro implica una secuencia de tareas que se repite a lo largo del día: alimentación, paseos, juego, higiene y controles veterinarios. Para personas que atraviesan períodos de soledad, de bajo estado de ánimo o de aislamiento social, esa estructura funciona como un organizador de la jornada y favorece la salida regular del domicilio. La actividad física derivada de los paseos constituye, según la literatura especializada, uno de los factores recurrentemente asociados a efectos positivos sobre el humor y la regulación del estrés.

A quiénes alcanza el efecto

La revisión de Dreher abarca investigaciones sobre ansiedad, depresión, estrés, desarrollo infantil, adultos mayores y programas de terapia asistida con animales. En el caso de los adultos mayores, el vínculo con un perro puede cobrar mayor relevancia cuando las oportunidades de interacción social se reducen: la presencia del animal no elimina las causas de la soledad, pero modifica la experiencia diaria de quien la atraviesa, al aportar compañía, propósito y una rutina sostenida.

En la infancia y la adolescencia, los perros pueden ocupar un lugar como fuente de cercanía y consuelo. Un animal ofrece una interacción previsible y sin juicios, de modo que cuidarlo, jugar con él o simplemente permanecer a su lado puede contribuir a la regulación emocional después de situaciones estresantes, siempre dentro de una red que incluya acompañamiento adulto y, cuando corresponda, atención profesional.

Lo que muestran los marcadores biológicos

Entre los mecanismos biológicos identificados por los estudios figuran variaciones en el cortisol, hormona vinculada a la respuesta al estrés, y en la oxitocina, asociada a los lazos sociales y a la confianza. Una revisión publicada en 2012 por Andrea Beetz, Kerstin Uvnäs-Moberg, Henri Julius y Kurt Kotrschal analizó esos mecanismos y los posibles efectos de calma asociados al contacto afectivo con animales, y describió cambios hormonales observables tras el contacto visual o físico entre perros y sus cuidadores.

Qué establece la evidencia y desde cuándo se estudia

Los investigadores consultados en la revisión subrayan que una asociación estadística no prueba causalidad directa, y que el bienestar mental depende también de las condiciones materiales, la salud física, los vínculos personales y el acceso a atención especializada. Desde la psicología y la medicina del comportamiento se insiste en que la evidencia disponible no indica que un animal reemplace un tratamiento profesional, pero sí describe por qué la compañía canina puede complementar una estrategia de cuidado más amplia.

La línea de investigación que conecta a las personas con perros se consolidó a partir de la década del dos mil, con trabajos como la mencionada revisión de Beetz, Uvnäs-Moberg, Julius y Kotrschal publicada en dos mil doce, y se amplió luego con estudios sobre terapia asistida con animales y sobre el impacto del vínculo en poblaciones específicas. En la Argentina, esa temática forma parte creciente de la agenda de profesionales de la salud mental y de organizaciones que promueven la tenencia responsable como parte de un enfoque integral del bienestar.

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Valentina SajamaSociedad y educación

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