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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Black Torch: el gato negro que le salvó la vida a un ninja y terminó viviendo adentro suyo

La serie animada que adapta el manga de Tsuyoshi Takaki llega a Crunchyroll con doce episodios, una dupla protagonista imposible de ignorar y menos de seis horas para zambullirse en un cruce entre técnicas ninja, monstruos y fantasía urbana.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 19 d
Black Torch: el gato negro que le salvó la vida a un ninja y terminó viviendo adentro suyo

A veces uno empieza a ver una serie sin muchas expectativas y termina enganchado por una cuestión puramente sensorial, algo que te atrapa antes de que la trama se explique. Con Black Torch me pasó eso, literal: lo primero que aparece en la pantalla es el ruido húmedo de un bosque de noche, el crujido de hojas pisadas con cuidado y después un maullido ronco que suena más a gruñido que a gato. Esa primera secuencia ya te tira de entrada al mundo de Jiro y Rago, la pareja dispareja que sostiene toda la serie, y a mí, que venía zapping después de un lunes largo, me terminó ganando de mano.

Un ninja con don para hablar con animales y un espíritu con cara de gato

La historia, que adapta el manga de Tsuyoshi Takaki en doce episodios disponibles en Crunchyroll, sigue a Jiro, un pibe criado por su abuelo con entrenamiento ninja clásico y una habilidad bastante particular: puede comunicarse con los animales. En uno de esos recorridos nocturnos por el monte se topa con Rago, un mononoke con aspecto de gato negro que lleva años sellado y que aparece malherido. En vez de dejarlo tirado, como le dictaría cualquier manual de supervivencia urbana, Jiro lo ayuda, y esa decisión le termina costando cara.

  • Jiro recibe un entrenamiento ninja transmitido por su abuelo, con técnicas que conviven con la vida cotidiana en la ciudad.
  • Rago es un mononoke, un espíritu con forma de gato negro que pasó largos años sellado.
  • La fusión entre ambos surge como respuesta a un ataque de otro espíritu que deja a Jiro al borde de la muerte.
  • Desde esa fusión, los dos comparten cuerpo y se vuelven el corazón emocional y de combate de la serie.

Lo que me gusta de cómo está contada esa fusión es que no se presenta como un power up cool y listo, sino como un acuerdo forzado entre dos seres que recién se conocen y que, encima, no eligieron compartir el mismo cuerpo. Hay algo ahí, en esa convivencia obligada, que me recuerda a esas zambas que cuentan historias de compañeros de ruta que terminan siendo familia, aunque al principio se lleven como el perro y el gato. La serie se toma su tiempo para mostrar ese vínculo creciendo episodio a episodio, entre peleas contra monstruos y escenas más calmas en la nueva oficina.

Black Torch, la oficina que le da marco a la acción

Después del encuentro en el bosque, Jiro y Rago terminan trabajando para la Oficina de Espionaje, donde los asignan a Black Torch, un departamento nuevo dedicado a enfrentar espíritus malignos. Ahí se completa el elenco estable: se suman una chica joven y un tercero de carácter más serio, casi de los que hablan poco y miran fijo, y entre los cuatro arman una mesa de operaciones donde lo paranormal se cruza con lo burocrático, algo que a mí, laburante de un portal de noticias, me arrancó más de una sonrisa cómplice. La producción animada corre por cuenta de 100studio, que resuelve con solvencia las peleas contra criaturas sobrenaturales y mantiene un tono que mezcla acción con momentos de humor ligero.

El material original, vale aclararlo, tuvo un recorrido breve: arrancó en 2016, pasó después al formato digital y fue cancelado en 2018, dejando 19 capítulos recopilados en cinco tomos antes de saltar a la animación. Por eso la serie tiene ese formato compacto, casi de lectura runtime corta, con una duración total que no llega a las seis horas. Para quien quiera probar sin comprometerse a una saga de cien capítulos, es una invitación ideal: se empieza un martes a la noche y el viernes ya se terminó, con la sensación de haber leído un manga largo condensado en una serie que se disfruta de un saque.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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