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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Arequipa, la Ciudad Blanca que se recorre entre volcanes y terrazas de sillar

A una hora y cuarto de vuelo desde Lima, la capital arequipeña mezcla patrimonio colonial, miradores a los Andes y una cocina que pide quedarse sentado un rato largo.

Por Micaela VilteTurismo · · hace 26 d
Arequipa, la Ciudad Blanca que se recorre entre volcanes y terrazas de sillar

Les cuento que pocas veces me pasó de llegar a una ciudad y, todavía en el colectivo del aeropuerto, sentir que el viaje ya había empezado. En el caso de Arequipa pasa eso: el avión toca suelo luego de una hora y veinticinco minutos desde Lima y, cuando uno levanta la vista, ya tiene al Misti, al Chachani y al Pichu Pichu como custodios del valle del río Chili. La postal acompaña cada paseo y vuelve cada foto distinta.

Un dato práctico antes de armar la valija: el termómetro durante el día ronda los 24 grados, pero al caer la noche baja a entre 8 y 10. El clima es seco y los cielos suelen estar despejados, así que conviene llevar abrigo liviano para la salida de la cena. En las laderas todavía se ven terrazas agrícolas que los incas usaron para cultivar; mirarlas en silencio ayuda a entender de dónde viene tanto orden en la piedra.

El corazón colonial, paso a paso

La Plaza de Armas es el arranque lógico de cualquier recorrida.

  • La catedral fue reconstruida después del terremoto de 2001 y guarda un órgano belga de 12 metros y 1.218 tubos, que suena en las misas dominicales. Subir al campanario permite mirar la ciudad desde arriba.
  • A su alrededor se alinean los portales de la Municipalidad, de Flores y de San Agustín, con arcos de sillar, la piedra volcánica que le valió a Arequipa el apodo de Ciudad Blanca.
  • El centro histórico fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2000, por la mezcla de técnicas constructivas nativas y europeas.

A pocos pasos de la plaza, la iglesia de San Agustín es otra parada que vale la pena. La entrada a su capilla cuesta 10 soles y en ese sector no se permite sacar fotos ni registros con el celular. Los frescos llevan vegetación y aves de la selva peruana, todo un viaje adentro del viaje.

Miradores y picanterías para cerrar el día

Cuando baja el sol, conviene trepar al mirador de Yanahuara.

Desde ahí se aprecia el entorno montañoso con el Misti, de 5.822 metros sobre el nivel del mar, como referencia principal. El mejor plan, si me preguntan a mí, es combinar el mirador con una parada en alguna picantería de las tantas que hay por la zona. La cocina arequipeña es de esas que justifican el pasaje: picante, sabrosa y abundante.

Mi consejo práctico: si viajan desde Lima, comparen vuelos temprano a la mañana para aprovechar la tarde entera en la Plaza de Armas. La distancia entre el centro y Yanahuara se hace en pocos minutos en taxi, así que es un complemento perfecto para una jornada tranquila. Y ya que estamos, les dejo una recomendación para sentarse a comer: pedir un rocoto relleno bien acompañado de una cerveza helada en alguna picantería tradicional del centro, donde el plato sale a un precio razonable y la porción es generosa. Después de eso, el Misti les va a quedar grabado en la retina, y de la Ciudad Blanca también se van a llevar el sabor.

MV

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