Amazon roza el millón de robots en sus depósitos y, al mismo tiempo, ve crecer los accidentes en sus propias fábricas
La compañía más robotizada del planeta convive con una paradoja: mientras su flota de máquinas se duplica, los centros automatizados registran más lesiones que los tradicionales. El Senado estadounidense detectó un 30 por ciento más de incidentes que en el resto del sector y la propia Amazon reconoce un 28 por ciento más de accidentes en sus plantas con robots.
Ningún actor privado en el mundo maneja hoy una flota robótica como la de Amazon. La empresa superó el millón de unidades desplegadas en sus depósitos globales y, al mismo tiempo, sostiene una plantilla de 1,5 millones de empleados entre cargos fijos y parciales, según su último reporte anual. Para sostener ese ritmo de crecimiento ya construye nuevas fábricas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana, y su directora financiera adjunta adelantó que el parque de brazos mecánicos se va a más que duplicar a lo largo de este año.
Cómo funciona la robótica de Amazon
La historia arranca en 2012, cuando Amazon le compró a una firma llamada Kiva Systems una idea bastante simple: en vez de hacer caminar al empleado por pasillos interminables para buscar un producto, el robot le acerca la estantería entera al puesto de trabajo. Es como pasar de una biblioteca donde uno va hasta el estante a otra donde el estante viene hasta uno. De esa base nació Amazon Robotics y aparecieron modelos como Hércules y Titán, del porte de un piano de cola, capaces de mover estanterías completas. Proteo fue el primer modelo que pudo circular entre personas sin chocarlas, gracias a un puñado de sensores que funcionan como un ojo extra.
Para que tantos robots no se estorben entre sí en pasillos angostos, la empresa entrenó a DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que hace las veces de semáforo y de GPS interno. Según las propias mediciones de Amazon, esa coordinación le recortó un 10 por ciento el tiempo de traslado de toda la flota, algo así como si en una ciudad muy congestionada cada auto supiera exactamente por dónde meterse para no chocar nunca.
La nueva camada son brazos con algo de cerebro incorporado. Robin usa ocho ventosas, como pulpos diminutos, para separar paquetes apilados sin orden. Cardinal acomoda bultos de hasta 22 kilos dentro de un carrito. Sparrow reconoce cientos de millones de productos distintos y los devuelve a su cajón correcto. El más reciente se llama Vulcan, y es el primero con sensores de fuerza que le dan una suerte de tacto: nota cuándo toca algo blando y cuándo algo rígido, y desde 2025 funciona en plantas de Spokane, Washington, y de Hamburgo, Alemania, con un plan de expansión previsto para 2027.
“El objetivo es que las máquinas asuman las tareas de mayor riesgo físico.”Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics
La paradoja de los accidentes
Esa declaración convive con un dato incómodo. Una investigación de 18 meses de la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, cerrada en diciembre de 2024, concluyó que los depósitos de Amazon registran un 30 por ciento más de accidentes que el promedio de la industria. Y los registros internos de la propia compañía, citados por Reuters, marcan que los centros automatizados tienen una tasa de lesiones aproximadamente 28 por ciento superior a la de los que aún trabajan sin robots.
La explicación que ensayan los especialistas es que la robotización cambia la naturaleza del trabajo: el operario deja de caminar y levantar carga, pero pasa más horas junto a máquinas en movimiento, en tareas repetitivas y de mayor exigencia para manos, muñecas y espalda. Es la lógica de cambiar un riesgo por otro, no de eliminarlo.
Qué falta para que la promesa de robots sin accidentes llegue a todos
- Estándares de seguridad comunes entre la industria, los sindicatos y los entes reguladores, hoy todavía fragmentados.
- Sensores más finos que distingan al trabajador de un paquete o de un carro en milisegundos, sin frenadas bruscas.
- Datos públicos y auditables sobre lesiones por planta, que hoy la empresa entrega de forma parcial.
- Capacitación específica de los operarios en convivencia con máquinas autónomas, hoy concentrada en pocas sedes.
- Reglas claras sobre el ritmo de trabajo impuesto por los sistemas que coordinan a los robots, un punto sensible del Senado estadounidense.
