Miércoles, 26 de agosto de 2026
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Adiós al Negro grande: se fue Rubén Rada y se quedó el candombe sonando en la calle

El músico uruguayo falleció este miércoles a los 83 años tras casi un mes internado por una neumonía. Figura central de la música popular rioplatense, deja un legado de canciones que atravesaron generaciones en toda la región y vínculos entrañables con artistas argentinos que hoy lo despiden con dolor y gratitud.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · 26 de agosto de 2026 · hace 32 min

Vine del velatorio de Rubén Rada con el ruido del tambor todavía metido en la cabeza, como si el aire del Palacio Legislativo uruguayo, ahí donde se despide a las figuras más grandes de la cultura del país vecino, todavía estuviera vibrando al ritmo de un repique de candombe que se resiste a apagarse, y la verdad es que no me extraña nada porque este hombre fue exactamente eso durante toda su vida, un repique, un latido, una alegría que se plantaba en el escenario y no se iba hasta dejar a todo el mundo de pie cantando con él, y ahora que se fue a los 83 años, este miércoles, después de casi un mes peleando contra una neumonía que finalmente pudo más que su cuerpo pero no pudo con su música, me queda la sensación de que el Río de la Plata entero se quedó un poquito más silencioso, algo más grave, como cuando se apaga una radio que sonaba en todas las esquinas desde los años sesenta y uno se da cuenta de cuánto la necesitaba sin haberlo pensado nunca.

Una vida entera pegada al parche

Rubén Rada, conocido por todos simplemente como el Negro, había nacido en Montevideo y empezó a tocar cuando esta parte del mundo todavía no terminaba de entender del todo eso de mezclar el candombe afrouruguayo con el jazz, con el rock, con la murga, con el pop y con todo lo que se le cruzara por delante, y sin embargo él lo hizo con una naturalidad tan grande que durante décadas nadie se preguntó demasiado por las fronteras entre los géneros, porque cuando el Negro cantaba las fronteras directamente desaparecían, y ahí estaban canciones que ya son patrimonio de cualquiera que haya crecido escuchando radio en Buenos Aires, en Rosario, en La Plata, en Córdoba, en cualquier ciudad donde el Río de la Plata se sintiera cerca, y por eso duele, y duele de verdad, saber que ya no vamos a escucharlo más en vivo, que ya no vamos a poder ir a verlo a un festival y dejarnos llevar por esa voz ronca y enorme que tenía.

  • Tengo un candombe para Gardel, una de sus piezas más emblemáticas y de las más versionadas de la música rioplatense.
  • Cha-cha, muchacha, himno generacional que sonó en bailantas, radios y festivales durante décadas.
  • Ayer, te vi, de las más queridas por el público argentino y presente en recitales de su carrera.
  • Botija de mi país, escrita junto a Eduardo Mateo y convertida con el tiempo en una suerte de segunda canción patria para los uruguayos.

Los músicos argentinos lo despiden con el corazón en la mano

Y acá, del otro lado del charco, la noticia cayó como cae siempre la muerte de alguien que uno siente propio aunque no lo sea, porque Rada era de esos artistas que se vuelven de todos sin pedir permiso, y por eso las redes se llenaron de mensajes que vale la pena leer despacio, no como información rápida sino como despedidas hechas con tiempo y con memoria, empezando por la de Fito Páez, que contó en su libro Infancia y Juventud cómo lo conoció de adolescente en un local porteño cerca de Corrientes y Callao y cómo de ese primer encuentro salió una amistad que duró toda la vida, y que al enterarse de la muerte escribió una frase que lo dice todo: la familia Rada es la familia Páez, hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música, de la risa, el swing y la alegría, tres palabras que parecen escritas con la misma tinta con la que el Negro componía sus canciones.

“La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría.”Fito Páez

Y como si fuera poco, la compatriota Natalia Oreiro le dedicó la letra de Botija de mi país y lo describió como lo más grande del Uruguay como artista, como persona, como amigo, mientras que Gustavo Santaolalla lo recordó como artista extraordinario, de múltiples talentos, y aseguró que su voz y su bella persona quedan para siempre con nosotros, y la lista sigue, porque también hablaron Valeria Lynch, Los Auténticos Decadentes, Charly García y Nito Mestre, entre otros, todos resaltando lo mismo: la música, sí, pero sobre todo la calidez, la cercanía, el lugar enorme que este moreno enorme supo ocupar en la escena regional durante más de seis décadas, algo que no es poco y que muy pocos consiguen, y por eso hoy, mientras lo velan en el Palacio Legislativo de Uruguay con entrada abierta para todo el público, uno se queda pensando en cuántas veces lo escuchamos sin saber bien cuánto le debíamos, cuántas veces tarareamos Botija de mi país o Cha-cha, muchacha sin ser del todo conscientes de que estábamos cantando con un gigante, y la mejor forma de despedirlo, me parece, es justamente esa, seguir cantándolo, porque el Negro Rada era de esos artistas que no se van del todo cuando se mueren, se quedan en las zambas, en los tangos, en los candombes, en las milongas, en cada canción que nos enseñó que del Río de la Plata para arriba todo es una misma fiesta.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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