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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ace Combat 8 se corre de la cabina y apuesta por la vida a bordo del Endurance

La nueva entrega de Project Aces reparte la acción entre el cielo y los pasillos del portaaviones, suma misiones de escolta y defensa aérea, y deja configurar hasta los aviones de los compañeros. Una recorrida por lo que propone Wings of Theve, la historia que sigue al heredero de un símbolo de la resistencia.

Por Lucía QuipildorCultura y espectáculos · · hace 18 d
Ace Combat 8 se corre de la cabina y apuesta por la vida a bordo del Endurance

Volví a sentir ese olor a querosén y a metal caliente que se mete en la ropa cada vez que uno se acerca a un portaaviones, esa mezcla que en los films de la Segunda Guerra parece épica y que en la vida real es, sobre todo, un sacudón a la nariz. Eso es lo primero que Ace Combat 8: Wings of Theve busca cuando uno enciende la consola: que el jugador se olvide de que está frente a una pantalla y se crea, aunque sea por un rato, que camina por la cubierta de un buque de guerra. La nueva entrega de la saga de Project Aces se anima a salir de la cabina y propone una experiencia que reparte su tiempo entre los combates aéreos y la vida cotidiana a bordo del Endurance, el portaaviones que funciona como base de operaciones y refugio improvisado para civiles.

El portaaviones como escenario y como hogar

Entre misión y misión, el jugador se mueve por comedores, hangares, espacios de reunión y la cubierta del buque. Las acciones disponibles son discretas, casi minimalistas: alcanza con observar el entorno y completar interacciones sencillas. No hay puzzles ni desafíos de plataformeo. Lo que hay, y está a la vista, es la intención de mostrar las relaciones entre los personajes y las consecuencias humanas del conflicto, ese costado que muchas veces queda afuera cuando todo se reduce a derribar cazas enemigos.

Ahí aparece el Vuelo Joker, el escuadrón que rodea al protagonista, un piloto rescatado del mar que termina heredando la identidad de un supuesto as de combate. Cada uno de los compañeros llega con su propia historia y con una mirada distinta sobre la guerra, y son esas conversaciones, esos cruces en los pasillos, los que van armando el retrato de una figura que se vuelve símbolo de la resistencia y que, al mismo tiempo, se convierte en una pieza clave de la propaganda. La construcción del héroe y el uso político de su imagen son, justamente, uno de los ejes que atraviesa toda la trama.

Misiones con preparación y mejoras

En el aire, la propuesta mantiene la organización clásica de la saga, basada en misiones. Antes de cada despegue, el jugador revisa los objetivos y elige aeronave, armamento y piezas. Los puntos obtenidos al completar las salidas sirven después para comprar equipamiento nuevo y sumar aviones al hangar. Cada elección modifica la capacidad de carga, el daño que causa el armamento y el comportamiento general de la aeronave, así que la preparación previa pesa tanto como el pulso a la hora de tirar la palanca.

  • Defensa del portaaviones frente a oleadas enemigas.
  • Ataques contra aeródromos e instalaciones en tierra.
  • Escolta de una aeronave aliada en zonas calientes.
  • Destrucción de transportes y blancos móviles.

La preparación también alcanza a los compañeros: es posible configurar sus aviones al detalle o dejar que el juego les asigne una combinación adecuada si uno no quiere complicarse. Para pilotear hay dos caminos. El primero es el esquema estándar, accesible y pensado para no complicarle la vida al jugador. El segundo es el modo Experto, que permite manejar los tres ejes de rotación del avión y amplía de manera notable las posibilidades de maniobra. En los combates aparecen la evasión de misiles, el uso de armas especiales contra varios blancos al mismo tiempo y los ataques clásicos con la ametralladora, la vieja confiable de toda la saga.

La historia se ubica aproximadamente una década después de los hechos de Ace Combat 7, aunque puede seguirse sin haber jugado esa entrega. El punto de partida es la invasión de Sotoa a la Federación de Usea Central y la caída de su capital, Theve. Frente a ese escenario, las fuerzas restantes operan desde el Endurance y tratan de sostener una resistencia cada vez más desigual. Es ahí donde entra el protagonista, con esa identidad prestada que lo condena y lo sostiene al mismo tiempo.

Se entiende, entonces, por qué la propuesta se corrió de la cabina. Wings of Theve no quiere ser solo un simulador de combates aéreos: quiere contar una guerra con sus días lentos, sus cenas en el comedor, sus silencios en la cubierta y sus raids a toda velocidad. Y en ese intento, el juego le pide al jugador algo que no siempre es fácil en un género tan adrenalínico: tomarse un respiro entre misión y misión, mirar a los compañeros a los ojos y preguntarse qué los trajo hasta ahí. A mí, después de varias horas de vuelo, me pasó: bajé del caza con la sensación de que conocía a esa gente. Y eso, en un juego de aviones, no es poca cosa.

LQ
Lucía QuipildorCultura y espectáculos

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